30 de junio de 2012

Reflexión pre-electoral

La realidad, al día de hoy en México, está centrada en una pugna entre dos entidades. Está aquella que ha perdurado por generaciones y dominó al país durante casi 3/4 del siglo pasado bajo el pendón de la represión, la injusticia y la imposición, aunada a los últimos 12 años que han cobrado la vida de más de 60,000 mexicanos y ha mermado la calidad de vida de los que aún viven, arrebatándoles toda esperanza de tener una vida digna. Está la otra, que busca la justicia social, la paz y el bienestar de los mexicanos por el camino de la honestidad de forma desinteresada, una búsqueda propulsada por el simple amor al pueblo mexicano y la integridad moral e ideológica. Vamos, sin sonar mamila, el día de mañana se librará una batalla entre la maldad pura y la bondad que nos confiere nuestra humanidad. 

 La lucha ya no es exclusiva de los candidatos a la Presidencia de la República; el Pueblo de México se encuentra fragmentado, cada quién afiliado a sus ideas, aunque por diversas causas: por convicción, por engaño, por la falta de escrúpulos, por conformismo o por anhelo y esperanza.

La tensión ya es demasiada, en todo el País innumerables delictos electorales perpetrados por el Partido Revolucionario Institucional han sido descubiertos (y los que faltan), la violencia en la forma de atentados y enfrentamientos brota a lo largo y ancho de la República, las redes sociales están, ahora más que nunca, plagadas de información (y desinformación) respecto a las elecciones, además de ataques y mensajes disparados a todas partes sin piedad en un último intento por ganar votos por la vía "legal".  Las instituciones han abandonado a la gente, quien, en su mayoría, considera probable otro fraude electoral. En algunos casos la confianza entre los ciudadanos se ha perdido por completo y en otros se ha reforzado como nunca. Pero actos sin precedente que persiguen la democracia representan, ya no un atisbo, sino un intenso brillo de esperanza. 

Lo cierto es que sea cual sea el resultado de las elecciones de mañana el descontento social no se hará esperar y si bien el pacto de civilidad es respetado por los candidatos a la presidencia, es probable que no sea respetado por el Pueblo Mexicano. La incertidumbre es sobrecogedora, el día de mañana y los días subsecuentes se hará historia, y de nosotros, la banda, depende.